Reto 01: Soft and sweet

Escribe un relato que empiece el día de Año Nuevo


Mada tenía un sistema. Todos los años el mismo, para empezar con buen pie. El uno de enero, tras haberse ido a dormir tarde por la cuenta atrás en casa de sus padres y la abundancia del champán, llegaba la tranquilidad. Se levantaba tarde, sobre las once, y se quedaba un rato en la cama acariciando a su gato. Para que el monstruo en cuestión no la despertase a las cinco de la mañana pidiendo comida solo hacía falta llenarle el bol cuando llegaba a las tres así que ese día siempre disfrutaba de un Mimo más cariñoso de lo normal.

Una vez despertada y desvelada, Mada se preparaba una taza de café, cogía una bomba de baño y se daba un baño relajante tras ducharse rápidamente. Era una costumbre que le había robado a su hermano Ramón, que llevaba varios años ya viviendo en Japón y cada vez que volvía se deshacía en halagos por los furo, los baños japoneses. Era una costumbre increíblemente simple y, que si se reservaba para momentos especiales, no hacía a uno volverse una pasa muy a menudo ni sentirse culpable por agravar la sequía española. Aunque cada vez que veía un anuncio de el Canal de Isabel Segunda se encogía un poco igualmente de manera inconsciente.

Una vez consumido el café y completado el momento de relax, Mada se vestía con el jersey más grande que tenía y unos leggings y se apoltronaba en el sofá con una novela y un bol de cereales con leche. Y Mimo, que siempre que veía leche maullaba y se quedaba a su lado esperando un momento de despiste. Más de una vez había mirado a un lado y al volver al bol había pillado al monstruo con la lengua fuera y la cabeza en el bol de la leche. Minino malo. El uno de enero, sin embargo, no se lo estropeaba nadie y como ocasión especial no le reñía por ello. Se ve que Mimo ya le tenía cogido el tranquillo a la maniobra porque la repetía todos los años y ya ni fingía estar haciendo otra cosa.

El día transcurría tranquilamente con Mada leyendo y Mimo haciendo de almohada hasta la hora de la comida, momento en el que, como buena amante de las verduras, sacaba los utensilios de sus cajones y rápidamente se hacía un salteado en el wok para no perder tiempo en la cocina. De nuevo otro hábito sacado de su hermano el que tuviera una arrocera en casa y acompañase todo con arroz. Cuando comía se obligaba a esconder el libro y, en su lugar, ponía la tele. Pero todos sabemos lo amargadas que son las noticias y más cuando tienes un buen día, así que la solución era sencilla: Harry Potter. Gran fan de los libros, aunque no tuviera el mismo amor por las películas, con veinticinco años a sus espaldas Mada había crecido con ellas así que no había mejor momento para verlas. Además, una vez acabada la comida (y con ello los intentos de Mimo de robársela) la mente de Mada no iba tan rápido y podía ignorar todas las incongruencias que le encontraba a las pelis. Más de una vez le habían dicho que eran “pelis de noche”, como si hubiera una hora específica para ver una peli. Desde luego no pensaba ponerse las británicas a las cinco de la tarde.

El siguiente paso era sencillo: dormirse. Una buena siesta es marca española, aunque solo sea media hora, así que como todos los años Mada cogió una manta, permitió que Mimo se instalase en su pelo y entró en el mundo de los sueños.

El sonido de unas llaves girando en el bombín de la puerta la despertó. ¿Qué era esto? Estaba fuera del plan, su sistema no incluía visitas. Confusa pero sin saber si se lo estaba imaginando o no, Mada se encogió en el sofá y frunció el ceño. En respuesta un dedo desconocido pasó por el lugar mencionado delicadamente al mismo tiempo que una risa baja se hacía oír.

–Sabía que estarías aquí, no te conozco bien ni nada –dijo una voz familiar.

Entre bostezo y bostezo y sin querer abrir los ojos Mada giró la cabeza y atrapó la mano entre su mejilla y el sofá. Hm, estaba fresquita.

-¿Carle? – preguntó incierta.

–Ajá. Sabía que te ibas a pasar el día sola y aunque sé que es “parte de tu sistema” pensé que a lo mejor había un sitio para mí en el sofá –dijo la voz mientras el pulgar, el único dedo no atrapado, acariciaba su mejilla.

Haciendo un esfuerzo, Mada abrió los ojos lentamente y se encontró con unos rizos cortos y desordenados que enmarcaban una cara llena de pecas. Una cara que por lo que parecía, estaba bastante entretenida con lo que tenía delante. Sus ojos reían.

–Hm, en el sofá solo cabe Mimo.

–… tú lo que no quieres es que te quite espacio, ¿eh? –rió.

Mada frunció el ceño de nuevo, poco convencida.

–He traído roscón, con nata –apuntó Carle.

Eso no era justo.

–Supongo que te puedo hacer un hueco –recapacitó.

Las mejillas de Carle se estiraron y apretó los labios, conteniendo la risa, pero aún así dejó la bolsa (en la que Mada acababa de reparar) y se hizo un hueco debajo de la manta tras quitarse las zapatillas.

–¿Ves? ¿A que no es un mal cambio? –preguntó abrazándose a Mada–. Me encantan tus curvas.

–Bueno… –la susodicha se dejó abrazar, apaciguada por el cumplido.

Se podía repetir.

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2 comentarios en “Reto 01: Soft and sweet

  1. Mantengo el primer pensamiento que he tenido según leía: tranquilidad y pelo de HP es el mejor plan posible para el uno de enero. Ya le puede compensar bien el intruso, yo le habría echado a patadas xDD

    Gracias por pasarme el relato xD Yo es ver mencionar HP y ya me pongo feliz (tengo unas cuantas entradas sobre el tema en mi blog, es una de las etiquetas asiduas 😊)

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