Yo no fui- Capítulo 5: Libertad

Black llega a la costa exhausto y hambriento. Hace por lo menos un día que no se ha llevado nada al estómago y no es como si en Azkaban te dieran mucha comida de todas formas. Avanza con patas temblorosas uno, dos pasos, y deja que su propio peso lo tire al suelo. Se acurruca sobre si mismo y, por primera vez en años, en décadas, sus labios se curvan en una tímida sonrisa perruna que muestra sus colmillos. La visión habría arrancado uno o varios gritos de miedo de haber tenido público pero Black hace tiempo que ha olvidado lo que es preocuparse por su imagen y deja que la idea de la libertad le cale desde los poros de su piel hasta los huesos.

Libertad.

La mera palabra le calienta por dentro y, con algo de nostalgia, recuerda lo que es ser feliz. Ese sentimiento que tan bien conocía cuando Lily y James estaban vivos y Remus, Peter y él bromeaban sobre la boda y el color del traje del novio. Rosa, decían, o rojo por la novia. Y James parecía indeciso entre si enfadarse o reírse de la ridiculez de todo aquello.

Ahora Lily y James están muertos, Remus seguramente piensa que es un traidor y Peter es un maldito asesino que finge estar muerto y se esconde en los brazos del mejor amigo del hijo de la gente que ayudó a matar. Pero por un momento, por unas horas, Black se deja llevar a días más felices por el simple placer de poder hacerlo sin amenazas y disfruta de aquello que le fue arrebatado hace tantos años. Sabe que dormir acurrucado en una playa llena de rocas mientras está en el cuerpo de un gran perro famélico y, probablemente, enfermo, no es lo mejor que existe, pero también sabe que, ciertamente, este es el momento más perfecto y digno de recordar que ha tenido en trece años de reclusión.

Deja que su agotamiento le arrastre a un sueño que, como tantas otras cosas, por primera vez no está plagado de pesadillas y decide que por unas cuantas horas puede fingir que el mundo está bien y que todo se va a arreglar. Todos ellos van a ser felices.

Cuando se despierta, Black se sorprende de la euforia que todavía le corre por las venas y, planeando hacer buen uso de ella, se levanta y usa esos músculos que casi ha olvidado cómo mover. Anda, corre, salta, se revuelca y cualquiera que pasara pensaría que un perro tan grande no puede actuar de la misma manera que un cachorro sin tener la rabia. Pero de nuevo, Black no tiene público, y la palabra libertad vuelve a hacer presencia en su mente mientras chapotea en la orilla de la playa. La libertad siempre ha sido algo que ha llevado a Sirius Black a hacer cosas que la gran mayoría clasificarían como locuras.

Y es un momento de locura, de euforia, de liberación, de hacer tonterías y seguir los instintos que antes guiaban su vida. Quiere volverse loco, correr hasta Londres y dar la vuelta, nadar hasta Canadá, tirarse desde un sitio elevado y acabar rodando colina abajo. Y, sin embargo, como su estómago le recuerda de repente, lo que más quiere es comer hasta que reviente y tengan que llevarle levitando hasta San Mungo. Así que, por fin centrado en un objetivo que merece la pena más que los otros, Black deja de jugar y emprende un trote ligero en la primera dirección que se le ocurre, buscando signos de poblaciones en las cercanías de la costa.

La primera comilona consiste en un pastel que una desafortunada ama de casa ha dejado enfriando donde no debía, la segunda un par de barras de pan que le da un muchacho en un pueblo cercano. Sabiendo que no va a tener tanta suerte todos los días, Black decide emprender viaje en el momento que tiene el estómago lleno y dejar a la suerte y la velocidad a la que puede correr cuándo comerá y en qué cantidad. Su primer destino: la casa en la que vive Harry, con Petunia, la hermana de Lily. Por suerte para él, todavía se acuerda de la dirección gracias a un par de visitas con James y Lily para ver al horror de sobrino que su amiga tenía. Quiere asegurarse que está bien, que vive feliz y que Peter no está cerca de él en ningún momento, y si lo está, no cabe duda de que no seguirá vivo mucho tiempo.

No son pensamientos felices pero Black es libre y tiene una misión que cumplir: un viejo amigo necesita que le ajusten las cuentas, su ahijado necesita ayuda y él necesita una razón para seguir vivo.

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